Bosque Nublado de República Dominicana
Un especial de

Bosque Nublado

Entre la niebla y el peligro

Las esponjas hídricas del Caribe

Entre el cielo y la vida

En las montañas húmedas de la República Dominicana sobreviven los bosques nublados, uno de los ecosistemas más frágiles y estratégicos del Caribe. En ellos, las nubes chocan con las montañas y forman estrechas franjas cubiertas por una neblina que parece adueñarse del paisaje.

Se desarrollan en condiciones de alta humedad, temperaturas frescas y baja radiación solar. Funcionan como "esponjas naturales": capturan agua de la niebla y regulan el ciclo hídrico del país.

Aunque se desarrollan entre los 600 y 3,500 metros sobre el nivel del mar, pueden encontrarse incluso a menor altura debido a la influencia de los vientos húmedos del Caribe, especialmente en la Cordillera Septentrional.

Entre la neblina, los troncos cubiertos de musgo y la gruesa capa de materia orgánica que protege el suelo parecen el escenario de un cuento infantil. Allí, bajo las raíces húmedas y los helechos arborescentes considerados "fósiles vivientes", habitarían los gnomos, guardianes invisibles que custodian el agua y los árboles.

A pesar de las dificultades que conlleva mantener este bosque protegido, los guardabosques de Las Neblinas trabajan cada día por amor a la naturaleza. DIARIO LIBRE NEAL
A pesar de las dificultades que conlleva mantener este bosque protegido, los guardabosques de Las Neblinas trabajan cada día por amor a la naturaleza. (DIARIO LIBRE/NEAL CRUZ)
Helechos y palmas que juegan a arropar lo que el hombre construyó en Ébano Verde. DIARIO LIBRE NEAL CRUZ
Helechos y palmas que juegan a arropar lo que el hombre construyó en Ébano Verde. (DIARIO LIBRE/NEAL CRUZ)
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El origen de nuestra agua

Aunque no existen mediciones oficiales sobre el volumen exacto de agua que generan mediante la captura de humedad de las nubes, estudios internacionales indican que producen hasta 170 veces más agua que una lluvia convencional.

"Sin ese bosque, Santo Domingo no tendría agua", advierte Eleuterio Martínez, expresidente de la Academia de Ciencias de la República Dominicana, al destacar que tanto el acueducto que abastece a la capital como el sistema Cibao Central dependen de ríos nacidos en estas montañas.

Sus cuencas alimentan afluentes como el Ozama, Isabela, Yuna, Yaque del Sur, San Juan y Las Cuevas, además del Artibonito, cuyas aguas llegan hasta Haití. También sostienen sistemas de riego e infraestructuras hidráulicas de la isla, entre ellas las presas de Hatillo, Sabana Yegua, Sabaneta, Monción, Valdesia y Peligre.

Especies endémicas como el ébano verde, el ébano amarillo, el palo de viento, la palma manacla y diversas orquídeas dependen exclusivamente de estas condiciones de humedad y altitud.

Además, sirven de refugio para especies como el trogón y la cotorra de La Española, el zorzal de La Selle, la cigüita aliblanca, el chirrí, la cigua amarilla y el papagayo de La Hispaniola, cuya supervivencia está ligada a la presencia permanente de las nubes.

"Si se acaban las nubes, ellos se van", observa Martínez.

Magnolias en un vivero en la Reserva Ébano Verde. DIARIO LIBRE NEAL CRUZ
Magnolias en un vivero en la Reserva Ébano Verde. (DIARIO LIBRE/NEAL CRUZ)
Ramón Elías Castillo dirige la Reserva Ébano Verde. Insiste en la necesidad de conservar este pulmón de la naturaleza. DIARIO LIBRE NEAL CRUZ
Ramón Elías Castillo dirige la Reserva Ébano Verde. Insiste en la necesidad de conservar este pulmón de la naturaleza. (DIARIO LIBRE/NEAL CRUZ)
Llega el peligro

Aunque casi toca el cielo, a este bosque lo amenaza lo terrenal

El bosque nublado figura entre los ecosistemas tropicales más vulnerables al cambio climático y a la intervención humana. En particular, estudios realizados en las Antillas Mayores demuestran que cambios mínimos en la altura de formación de las nubes o en la frecuencia de la neblina alteran el balance hídrico, secan el sotobosque y afectan especies altamente especializadas.

Además, estos ecosistemas presentan una recuperación lenta frente a incendios forestales, huracanes y procesos de deforestación.

El 25.6 % de la superficie terrestre dominicana se encuentra bajo alguna categoría de protección ambiental. Así lo explica Ramón Díaz, director de Bosques y Manejo Forestal del Viceministerio de Recursos Forestales del Ministerio de Medio Ambiente. La meta es elevar esa cifra al 30 %.

Aunque Díaz considera que este tipo de bosque es el mejor conservado del país, la bióloga Yolanda León, del Grupo Jaragua, sostiene lo contrario.

Cultivos como el aguacate Hass —que tiene una demanda hídrica alta—, la ganadería, los incendios forestales, la tala y las construcciones ilegales han reducido la extensión de este ecosistema.

Pérdida de superficie y fronteras críticas

El retroceso de un gigante hídrico

Aunque llegó a ocupar alrededor de 3,000 kilómetros cuadrados, hoy su superficie efectiva no supera los 2,000 kilómetros cuadrados, apenas un 4 % del territorio nacional.

Más de 1,000 kilómetros cuadrados desaparecieron.

La minería también altera este bosque en zonas donde se talan los árboles de mayor tamaño, sobre todo en las sierras de Bahoruco y Neiba, según indican Francis Grullón y Oscar Montero, investigadores del Jardín Botánico.

Otro bosque nublado menos conocido, pero igualmente presionado por el cambio de uso de suelo, es el de Loma Atravesada, en Samaná, ubicado a 416 metros sobre el nivel del mar. León advierte que los fragmentos mejor conservados se encuentran en los flancos de las cordilleras, especialmente en la sierra de Bahoruco y las cordilleras Central y Septentrional, aunque muchos sobreviven apenas como pequeñas franjas aisladas.

"La Sierra de Neiba es una de las sierras peor conservadas del país", indica la especialista.

2,000 km²

Superficie efectiva actual

Representa apenas el 4 % del territorio nacional de la República Dominicana, habiendo perdido más de un tercio de su extensión boscosa original histórica.

170x

Efectividad de captura hídrica

Estudios internacionales demuestran que la vegetación de este ecosistema puede producir significativamente más agua mediante condensación que las lluvias convencionales.

Regeneración y desafíos

Reservas científicas Ébano Verde y Las Neblinas

Dos realidades de conservación en la cordillera dominicana: la regeneración asistida a largo plazo y la lucha activa de guardaparques contra las invasiones de terrenos de alta montaña.

Ébano Verde: El legado

Las cicatrices de Ébano Verde

Pese a esas presiones, algunos bosques nublados muestran que la recuperación es posible cuando la conservación se mantiene durante décadas. En la Reserva Científica Ébano Verde todavía permanecen visibles las cicatrices de la deforestación. Hasta 1967, la tala de árboles en la zona era legal. Aserraderos, agricultura y ocupaciones humanas degradaron gran parte del área.

Hoy representa uno de los ejemplos más emblemáticos de conservación y regeneración natural de la isla. La reserva —creada en 1989 por la Fundación Progressio— posee unos 30 kilómetros cuadrados y se ubica entre La Vega, Bonao, Jarabacoa y Constanza, a unos 1,400 metros de altitud.

Ramón Castillo, director de la reserva, y Rildes Sánchez, encargado del área de Educación, dedican gran parte de sus vidas a proteger este ecosistema. "No tenemos que ver con política", comenta Castillo mientras recoge algunos restos de basura abandonados por visitantes y los guarda en uno de sus bolsillos.

Administrar este bosque marcó un precedente en el país. Por primera vez, el Estado delegó al sector privado el manejo de un área protegida.

Pasos experimentados y zapatos curtidos por el barro, conocedores de cada uno de los rincones de Ébano Verde. DIARIO LIBRE NEAL CRUZ
Pasos experimentados y zapatos curtidos por el barro, conocedores de cada uno de los rincones de Ébano Verde. (DIARIO LIBRE/NEAL CRUZ)
Los bosques nublados, como Ébano Verde, son el escenario ideal para el senderismo. DIARIO LIBRE NEAL CRUZ
Los bosques nublados, como Ébano Verde, son el escenario ideal para el senderismo. (DIARIO LIBRE/NEAL CRUZ)
Un paraíso escondido

Al recorrerlo, el sonido del "palo de viento" acompaña el trayecto, custodiado por aves que, a prudente distancia, acechan a quienes interrumpen la quietud de su hogar. Al detener los pasos se escucha el croac, croac de las ranas del género Eleutherodactylus —emparentadas con el coquí de Puerto Rico— y el murmullo de los arroyos de agua fría.

Claudio Payano, encargado del vivero de magnolias desde el 2001, cree que trabaja en el paraíso. "Hay mucha gente que paga por estar aquí", comenta. Ébano Verde produce una parte importante del agua que abastece a La Vega. Sus administradores estiman un caudal de salida cercano a un metro cúbico por segundo. Dentro del área protegida no existen asentamientos humanos.

Recuperación y conflicto

Las Neblinas, más cerca del cielo

En la Reserva Científica Las Neblinas el sol aparece y desaparece entre las nubes hasta que, tras cansarse del juego, la niebla cubre el paisaje. La reserva es atravesada por la carretera de Casabito, vía que conecta la autopista Duarte con Constanza y cruza tanto Ébano Verde como Las Neblinas.

Durante años, la comunidad desconocía que la zona, donde nacen 16 arroyos y cañadas, estaba protegida. Cuando comenzaron los procesos de recuperación del bosque, después del año 2000, surgieron conflictos con invasores, situación que obligó a militarizar el área durante seis meses.

En los bosques nublados, como Las Neblinas, la neblina no es solo una característica paisajística, sino un elemento esencial. DIARIO LIBRE NEAL CRUZ
En los bosques nublados, como Las Neblinas, los vientos cargados de agua son un elemento esencial. (DIARIO LIBRE/NEAL CRUZ)
Letrero que menciona los tesoros de Ébano Verde
Letrero que menciona los tesoros de Ébano Verde. (DIARIO LIBRE/NEAL CRUZ)
Vigilancia y compromiso

Los guardaparques todavía enfrentan constantes intentos de ocupación ilegal. "Hay personas que quieren abrir caminos y hacer solares en la montaña", explica Cristopher Martínez, administrador del área.

Para vigilar el territorio utilizan drones, GPS, imágenes satelitales y aplicaciones de georreferenciación. Aún así, admiten que, ante los bajos salarios, gran parte del trabajo depende del compromiso personal. "Hacemos este trabajo por amor", resume uno de los guardabosques.

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