Bosque Seco de República Dominicana
Un especial de

Bosque Seco

Entre la resistencia, el abandono y los mitos

Adaptación radical y resiliencia

La capacidad extrema de resistir

El bosque seco es uno de los ecosistemas que mejor demuestra la capacidad de la naturaleza para resistir. Sobrevive donde apenas caen entre 200 y 800 milímetros de lluvia al año, soporta temperaturas promedio de 26 a 28 grados Celsius y alberga especies adaptadas a largos períodos de sequía. Sin embargo, esa resistencia tiene límites.

La producción de carbón vegetal, la extracción de especies forestales como el guaconejo, la expansión agrícola y ganadera, el crecimiento de viviendas e industrias, la presencia de especies invasoras, el manejo inadecuado de residuos sólidos y el cambio climático figuran entre las principales amenazas que enfrenta este ecosistema.

Aunque el país ha migrado en gran medida al uso del gas, las autoridades todavía decomisan hornos utilizados para producir carbón vegetal. A esto se suma la expansión de especies invasoras, como la bayahonda, visible en muchas carreteras del sur, que desplaza la vegetación nativa y altera el equilibrio natural.

Una alpargata (Consolea moniliformis) en el Parque Nacional Francisco Alberto Caamaño.
Una alpargata (Consolea moniliformis) en el Parque Nacional Francisco Alberto Caamaño. (DIARIO LIBRE/DANIA ACEVEDO)
La carretera Sánchez en su tramo por azua
La carretera Sánchez en su tramo por Azua. (DIARIO LIBRE/DANIA ACEVEDO)
Vertedero en el bosque seco de Tábara Abajo en Azua
Vertedero en el bosque seco de Tábara Abajo, en Azua. (DIARIO LIBRE/DANIA ACEVEDO)
Video

uso del suelo

El cambio de uso del suelo continúa siendo otra de las mayores presiones. José Elías González, viceministro de Recursos Forestales, reconoce que el bosque seco subtropical ha retrocedido en zonas bajas y medias de las cuencas por la demanda de tierras para producir alimentos. Sin embargo, asegura que el Ministerio de Medio Ambiente se opone a transformar áreas frágiles, montañas captadoras de agua y terrenos cubiertos por bosque.

El funcionario advierte que el crecimiento demográfico y la expansión de viviendas e industrias incrementan esa presión. Ante este escenario, considera fundamentales estrategias como el pago por servicios ambientales y el manejo forestal sostenible para reducir el incentivo económico de sustituir el bosque por otros usos de suelo.

El cambio climático también agrava el panorama. Un informe desarrollado por investigadores de la Universidad de Minnesota advierte que las variaciones en los regímenes de lluvia podrían alterar la dinámica natural del bosque seco, mientras que la acumulación de residuos sólidos sigue deteriorando muchas de las áreas donde este ecosistema sobrevive.

Rico en biodiversidad

Un bosque incomprendido

Pese a estos desafíos, el bosque seco continúa siendo uno de los ecosistemas más singulares de la República Dominicana. Predomina desde Baní hasta Pedernales, aunque también aparece en la Línea Noroeste, entre Montecristi y Santiago, y en sectores del Parque Nacional Cotubanamá.

Su distribución responde a la geografía del país. Según Yommi Piña, técnico del Jardín Botánico Nacional, los bosques húmedos reciben la humedad proveniente del Atlántico, mientras que las montañas —como la Cordillera Central y la Sierra de Bahoruco— generan una sombra pluviométrica que deja amplias zonas del oeste y el sur con condiciones secas ideales para este ecosistema.

En la República Dominicana, la mayor parte del bosque seco se encuentra por debajo de los 350 a 400 metros sobre el nivel del mar. Gran parte corresponde a bosques secundarios, es decir, áreas que aún se regeneran después de décadas de intervención humana.

Su extensión continúa siendo objeto de debate. Algunos informes del Ministerio de Medio Ambiente y organismos internacionales estiman que ocupa entre el 8 y el 9 % del territorio nacional, alrededor de 4,500 kilómetros cuadrados. Carlos Rijo, técnico del Viceministerio de Recursos Forestales, sitúa esa cobertura entre el 10 y el 11 % de la superficie boscosa del país, equivalente a unos 4,800 kilómetros cuadrados.

El especialista explica que estas diferencias obedecen principalmente a la forma de clasificar las zonas de transición. Advierte, además, que un terreno cubierto de árboles no necesariamente conserva un bosque seco funcional, pues la biodiversidad depende también de la composición de especies y de la estructura del ecosistema.

Isla Cabritos
Isla Cabritos. (DIARIO LIBRE/DANIA ACEVEDO)
Cayuco (Pilosocereus polygonus) en el Parque Nacional Alberto Caamaño Deñó.
Cayuco (Pilosocereus polygonus) en el Parque Nacional Alberto Caamaño Deñó. (DIARIO LIBRE/DANIA ACEVEDO)
Un escarabajo de la familia Tenebrionidae en el Parque Nacional Francisco A. Caamaño
Un escarabajo de la familia Tenebrionidae en el Parque Nacional Francisco A. Caamaño. (DIARIO LIBRE/DANIA ACEVEDO)
Piñón cimarrón, (Jatropha multifida)
Piñón cimarrón (Jatropha multifida). (DIARIO LIBRE/DANIA ACEVEDO)
Pluma de guinea en el Parque Nacional Francisco Alberto Caamaño Deñó
Pluma de guinea en el Parque Nacional Francisco Alberto Caamaño Deñó. (DIARIO LIBRE/DANIA ACEVEDO)
Iguana de Ricord (Cyclura ricordi) en la isla Cabritos
Iguana de Ricord (Cyclura ricordi) en la isla Cabritos. (DIARIO LIBRE/DANIA ACEVEDO)
Árboles secos en la isla Cabritos producto de la subida del Lago Enriquillo, caracterizado por su alta salinidad.
Árboles secos en la isla Cabritos producto de la subida del Lago Enriquillo, caracterizado por su alta salinidad. (DIARIO LIBRE/DANIA ACEVEDO)
Mucho más que espinas

Más allá de las cifras, el bosque seco carga con otro problema: los prejuicios

Con frecuencia se le considera un paisaje espinoso, degradado o sin vida. Sin embargo, especialistas como Carlos Rijo y Yommi Piña insisten en desmontar esa percepción.

En un bosque seco bien conservado pueden convivir entre 20 y 30 especies de árboles y arbustos. En cambio, un bosque degradado puede exhibir una cantidad similar de árboles, pero concentrados en apenas cuatro o cinco especies, lo que reduce significativamente su valor ecológico.

El documento La Biodiversidad en la República Dominicana, del Ministerio de Medio Ambiente, identificó 923 especies de plantas con flores asociadas a este ecosistema. De ellas, el 26 % son endémicas de La Hispaniola, el 64 % tienen amplia distribución y el 10 % son introducidas.

Tampoco es cierto que solo existan cactus y arbustos espinosos. El bosque seco alberga árboles que alcanzan entre 20 y 30 metros de altura, como la caoba y el roble. También es hábitat de especies amenazadas como el guayacán y de cactus como la alpargata y el sansón.

Este ecosistema sirve además de refugio para aves como la cotorra de La Española, anfibios, serpientes y reptiles, entre ellos las iguanas rinoceronte y de Ricord, ambas endémicas de la isla.

Aprovechamiento y Sostenibilidad

Un aliado del clima y de las comunidades

Su importancia trasciende la biodiversidad. El Inventario Nacional Forestal del 2021 ubica al bosque seco como el segundo ecosistema con mayor carbono almacenado del país, con 453,378,859 toneladas, solo superado por el bosque húmedo latifoliado, que registra 653,493,100 toneladas. Además, contribuye al equilibrio hídrico de reservorios de agua dulce.

También ofrece oportunidades económicas compatibles con la conservación.

En el Parque Nacional Francisco Alberto Caamaño Deñó, en Azua, una franja de bosque seco alberga un apiario administrado por productores locales que, al mismo tiempo, ayudan a proteger el área.

"La mejor miel es del bosque seco. La gran diversidad floral proporciona abundante néctar de calidad para las abejas.", afirma Carlos Rijo. Explica que la diversidad floral proporciona abundante néctar para las abejas y favorece la producción de miel y polen. Entre las especies de mayor interés apícola figuran el guayacán, el almácigo, el candelón y el sopaipo.

Experiencias similares se desarrollan en otros países. María Paula Contreras, del Jardín Botánico de Cartagena, explica que comunidades colombianas transforman semillas de guáimaro en harina para elaborar distintos productos, incluidos helados. Además, utilizan plantas del bosque seco en la gastronomía y en la fabricación de instrumentos musicales.

Restaurar para conservar

Mientras persisten las amenazas, también avanzan los esfuerzos de recuperación.

Desde el 2017, Grupo Jaragua desarrolla, junto con organizaciones nacionales e internacionales, un programa de restauración para reducir la degradación provocada por la tala para carbón vegetal y la captura de iguanas.

La iniciativa involucra principalmente a mujeres de comunidades cercanas a las áreas protegidas, quienes reciben incentivos económicos por sembrar especies como la alpargata y el cagüey, fundamentales como refugio de aves y alimento para las iguanas rinoceronte y de Ricord.

Solo durante el 2025, Grupo Jaragua restauró más de 200 hectáreas de bosque seco en comunidades de Independencia, Pedernales y Barahona, mediante la siembra de más de 180,000 plantas.

El bosque seco ha sido durante mucho tiempo uno de los ecosistemas más subestimados del país. Sin embargo, detrás de su apariencia austera se esconde una extraordinaria riqueza biológica y una pieza esencial para el equilibrio ambiental de la República Dominicana.

Exprime tu cerebro

¿Cuánto sabes sobre los bosques dominicanos?

Pon a prueba tus conocimientos sobre nuestros pulmones verdes y descubre tu rango ecológico.

Pregunta 1 de 10

Saber más...

🌱

Semilla curiosa

Aciertos: 0 de 10

Pinar

Nublado

Húmedo

Semihúmedo

Seco

Manglar