Un ecosistema entre realidades opuestas
En el Parque Nacional Cotubanamá, una inmensa planicie vegetal que se extiende por 796 kilómetros cuadrados en la región este, los senderos atraviesan un paisaje donde conviven cuevas con arte rupestre, humedales temporales, islas, especies endémicas y una densa cobertura vegetal que cambia con las estaciones. Entre árboles nativos y maderables florece la Rosa de Bayahíbe, un cactus arbustivo convertido en símbolo de la biodiversidad y la belleza de la zona.
El otrora Parque Nacional del Este —rebautizado hace 12 años en honor a Cotubanamá, un indígena criado en el cacicazgo de Higüey— parece un refugio donde la naturaleza ha logrado mantenerse casi intacta.
A 345 kilómetros de allí, en la región sur, el panorama cambia. La Sierra de Neiba, otro de los 30 parques nacionales de la República Dominicana, también resguarda un bosque semihúmedo, pero las huellas de la intervención humana son evidentes. Los incendios forestales amenazan el paisaje, las parcelas agrícolas avanzan sobre las laderas y el conuquismo forma parte de la cotidianidad de muchas comunidades.
Aunque separados por cientos de kilómetros y marcados por realidades distintas, Cotubanamá y la Sierra de Neiba comparten un mismo ecosistema: el bosque semihúmedo, una transición entre el bosque seco y el húmedo que representa el 15.39 % (275,645.83 hectáreas) de la cobertura forestal nacional. Solo está por detrás de los bosques húmedo (39.8 %) y seco (22.6 %), de acuerdo con el último Inventario Nacional Forestal.
Cotubanamá: Buena conservación
Cotubanamá, que abarca parte de las provincias La Romana y La Altagracia, se mantiene bien conservado y vigilado, con acceso controlado, pese a los planes e intereses de desarrollar proyectos turísticos más allá del municipio de Bayahíbe. Desde el aire, un inmenso manto verde cubre el paisaje hasta perderse en el horizonte. El parque comprende las islas Saona y Catalina y alberga fuentes de agua subterránea que abastecen a los hoteles de la zona.
Uno de los guardaparques explica que el bosque semihúmedo conserva sus características durante la temporada de lluvias gracias a los humedales temporales que se forman. Sin embargo, en épocas de sequía la roca porosa deja de retener el agua y el ecosistema inicia una transición hacia el bosque seco. Decenas de cuevas albergan cientos de pictografías indígenas, destacando la cueva El Puente. Además, en el parque habitan 118 especies de aves.
En la Sierra de Neiba, la zona media-alta muestra las cicatrices de años de intervención humana para expandir la frontera agrícola. En el 2025, el ministro de Medio Ambiente, Paíno Henríquez, reconoció los daños ocasionados por la agricultura y la tala. Todo esto ocurre mientras se ejecuta el Plan de Manejo 2024-2029 del Parque Nacional sierra de Neiba, dotado con más de 104 millones de pesos.
Esta cadena montañosa se extiende por unos 100 kilómetros entre las provincias San Juan, Bahoruco, Independencia y Elías Piña, alcanzando los 2,200 metros sobre el nivel del mar.
La frontera agrícola avanza sobre las laderas
En la sierra de Neiba aún existen áreas donde el bosque semihúmedo permanece virgen o poco alterado, con la caoba entre las especies predominantes. En las zonas más frías, donde también domina el bosque húmedo, abundan los cultivos de café; en las áreas cálidas predominan el aguacate, la naranja y el mango.
Mientras Diario Libre recorría la sierra, el equipo observó un incendio en la parte intermedia, aparentemente asociado a actividades agrícolas. Un hombre que se identificó como José Manuel aseguró que a los agricultores solo se les permite podar árboles, no derribarlos.
Aunque parte del ecosistema conserva un bosque frondoso, la zona media-alta, donde se asientan varias comunidades, muestra las cicatrices de años de intervención humana para expandir la frontera agrícola.
En el 2025, el ministro de Medio Ambiente, Paíno Henríquez, reconoció los daños ocasionados por actividades como la agricultura y la tala para la extracción de madera.
Todo esto ocurre mientras se ejecuta el Plan de Manejo 2024-2029 del Parque Nacional Sierra de Neiba, dotado con más de 104 millones de pesos que serán distribuidos en partidas anuales.
Entre las medidas adoptadas por las autoridades figura el traslado de algunos agricultores desde la parte alta hacia zonas más llanas para desarrollar sus cultivos. También se ha compensado económicamente a otros mediante el pago por servicios ambientales para que protejan el bosque, una estrategia que, según el viceministro de Recursos Forestales, Jorge Elías González, ha dado resultados en diferentes parques nacionales.
Un aliado estratégico frente al calentamiento
El bosque semihúmedo registra un promedio de 357 árboles por hectárea en la República Dominicana, con ejemplares de aproximadamente 16.5 centímetros de diámetro promedio y una altura media de 8.6 metros.
Su importancia trasciende la biodiversidad. Este ecosistema desempeña un papel fundamental en el almacenamiento de carbono, con un stock promedio de 1,133.4 toneladas por hectárea (ton/ha), lo que contribuye a evitar la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera y ayuda a mitigar el calentamiento global y sus consecuencias, como huracanes y sequías.
La captura de carbono de este tipo de bosque representa aproximadamente el 20 % del total almacenado por los bosques dominicanos.
Por ello, el bosque semihúmedo constituye una pieza clave para la conservación de la biodiversidad, el equilibrio de los ecosistemas, la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y el fortalecimiento de las políticas ambientales frente al cambio climático.